vuestros pasos bajo los árboles.

Sé que cuando se empieza un blog, se suele tener un tema, una línea, incluso, una idea de a quién va a ir dirigido. Pero el mío no es así. Un día empecé a escribirlo, sin concreción, y así ha ido siguiendo. Algunos días de repente tengo el impulso de escribir y lo hago, sin más. Empiezo y ni siquiera sé de qué voy y escribir.

Pero no niego que muchas veces me planteo darle un giro y escribir sobre algo en particular y a partir de ahí seguir escribiendo. El vivir en Suiza me pareció una buena base de salida, y luego he ido viendo que cada momento es distinto al otro y que, aunque ciertos temas me llaman la atención, sigo sin saberquerer decidir.

Todo va cambiando muy deprisa, y probablemente yo también este cambiando. Por lo que no es de extrañar que redirija el día menos pensado mi escritura. Pero mientras necesitaba plasmar este momento que vivo tan feliz y tan pleno.  Un momento único y desconocido que acompaño con un aprendizaje y un descubriendo de mi misma y de la vida, y en ese camino descubro que todo tiene un propósito y mi propósito empieza a brotar.

Estos días atrás han sido unos días muy especiales. He tenido la visita de dos grandes personas en mi vida. Mi padre y una de mis sobrinas. No he tenido la energía suficiente para dedicarles cada segundo como hubiese deseado, pues mi estado consume energía hacia otra dirección… pero me he sentido muy feliz. No tengo palabras para agradecerles su visita y esos días que han compartido conmigo. Cuanta felicidad me hicieron sentir. Ahora los mismos caminos que siempre anduve entre arboles gigantes y mágicos, se convierten un lugar especial lleno de pasos familiares que me hacen pisar fuerte y con una sonrisa en la cara.

Bajo los árboles ahora está mi tesoro.

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un mundo nuevo

No es fácil escribir cuando todo dentro de ti está cambiando. Cuando aparecen emociones y sensaciones que nunca antes conociste. No es fácil escribir cuando todo cobra otro valor y cuando una misma se siente una nueva persona.

Me dejo llevar, quiero escribir, pero no lo hago, pues las palabras no conocen el rumbo a seguir, como tampoco lo conocen mis días, ni mis pensamientos.

Brotan un montón de ideas, ideas que giran unas tras otras buscando colocarse en lugar apropiado. Un lugar donde algo comience y avance dando una nueva perspectiva. Lo harán, poco a poco se recolocarán, entonces ya no me será difícil escribir y la concreción habrá llegado. De momento me mantengo en mis escritos como el tiempo en Suiza, inesperado y variante. Con todas las tonalidades en un mismo día. Sin un tema más allá de mí.

No es fácil escribir cuando un mundo lleno y nuevo crece frente a mí. Un mundo lleno de arco iris y sendas por explorar. Tengo calzadas mis botas de exploradora, mi casco con linterna y mis bastones para seguir el paso.  No transito sola. Y eso me hace feliz.

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desde mi nube

Los blogs suelen tener un guion, un tema, un hilo. Cuando empecé a escribir fui muy abstracta, y sabía que tenía que concretar, pero fui escribiendo y no lo hice, ¿o sí?, no, no lo hice.
Creo que concretar llega solo, sin más. Así que así lo dejo. Escribo lo que siento y lo hago desde una nube. Sí, me he subido a una nube. No una nube de esas blanditas, blancas, esponjosas, donde una se imagina tumbada, evadida del mundo, relajada, fantasiosa. No, no es de esas nubes, desde las que no te enteras de nada porque no quieres o no te interesa.
Esas nubes las conozco, y las visito de vez en cuando. Pero ahora estoy en otra. Un buen día se situó junto a mí una nube y me invito a subir. Y subí. Esta nube no es blanca, va cambiando de colores, y no estoy tumbada, estoy a veces sentada, a veces recorriéndola a pie. Es una nube desde la que divisas la vida, el momento actual, el presente, todo tal y como está
Eso sí, cuando estas en una nube como esta, se te incorpora una sonrisa y un sentimiento único, todo lo que ves te gusta, miras y miras y sientes que puedes crear, conseguir lo que te propongas. La nube no está estática, me lleva por donde yo quiera ir y me proyecta una fuerza y una paz increíble.
Hay muchos tipos de nubes. A mucha gente no les gusta ver el cielo nublado. Quizás sea porque no se han subido en una. O quizás solo conozcan las blancas. Yo me siento muy feliz de haberme subido a esta nube de colores y estoy disfrutando mucho de mi estancia. Camino descalza y siento vida bajo mis pies. Vida , mucha vida.
(Dibujo realizado por Sara Gaztelumendi Cirujano)

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Mar de búsqueda

Soñar no es lo mismo que buscar, podemos pasar la vida soñando o podemos pasar la vida buscando.
A mí me gusta buscar lo que sueño. Buscar es caminar y avanzar hacia algo que deseas, algo que has soñado. Buscar es atravesar bosques sin saber dónde está el sendero. A veces crees que te has perdido y que no encontrarás  lo que buscas, es como si pasarás días en la oscuridad, pero enseguida retomas el camino por que decidiste hacer algo más que soñar.
Mucha gente sueña, tienes lindos sueños y con ellos viven. Pero yo siento que eso es como tener un castillo en la cima de la montaña y nunca intentar escalar para llegar a él. Yo prefiero buscar ese camino que me llevará a entrar en el castillo.
Siempre que buscas encuentras, pero a veces la vida nos va diciendo si lo que buscamos es bueno para nosotros o por lo contrario debemos buscar otra cosa, pero siempre hay algo detrás de la búsqueda. Buscamos, atravesamos esos bosques frondosos, subimos y bajamos montañas, buceamos lagos, surfeamos olas, avanzamos, retrocedemos, lloramos, buceamos lagos diferentes, trepamos árboles, nos caemos, lloramos, y un día, el día menos pensado, tienes ante ti lo más buscado, lo más soñado. Y entonces te das cuenta de que estás al otro lado de la búsqueda, y es entonces cuando con el alma llena de felicidad sientes la vida y todo cobra sentido.
Soy una buscadora, me gusta buscar, me gusta encontrar.
Y encontré.

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La mágia de la Vida

Hace mucho que no escribo, no por falta de inspiración, mas bien exceso de emociones.
Las emociones son para la vida como el agua para los prados.
Ha llovido mucho desde mayo, mucha agua, muchas emociones, y tras la lluvia nacen los primeros brotes. Y crecen y crecen, y crece la vida. La vida, un nuevo brote, una nueva ilusión, un sueño.
A veces también llueve magia y te recuerda que todo es posible, que solo tienes que creerlo.
A veces la magia lo inunda todo. A mí me ha inundado. La vida crece…

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A mala entendedora…

Es curioso como se ve la vida cuando no entiendes el idioma que se habla a tu alrededor.
En todo este tiempo aquí, he aprendido algo de alemán, no todo lo que desearía, pero teniendo en cuenta, que aunque estudio alemán, lo que escucho en el día a día es un dialecto suizo, y teniendo en cuenta, que mi cerebro está lleno de senderos por lo que las letras y números se organizan a su libre albedrío …. Pues he aprendido bastante.
Entiendo poco, eso sí. En muchas ocasiones resulta desesperante y dificulta mucho las cosas, pero el resto del tiempo no me molesta.
Es divertido escuchar y no saber lo que dicen, me gusta tener que echar mano de mi poder de interpretación. Es cuando se te acentúan otros sentidos y la vista se convierte en tu mejor aliado. A veces me doy cuenta de cosas que estoy segura que, de entender completamente el idioma, no las percibiría.
Y es que nuestro cuerpo dice tanto, dice tanto tanto… que podríamos saber cómo se siente cada persona si en lugar de escuchar la observáramos. Observamos poco, escuchamos mucho. Y cuando se trata de una misma… a veces ni lo uno, ni lo otro. Mi cuerpo me dice mucho, pero yo le entiendo poco. Y mira que lo intento. Igual es porque para entender lo que me dice, no son los ojos lo que debo utilizar. Pero esto es otro asunto.
Viviendo aquí, creo que he desarrollado mucho el sentido de la vista, y no solo la vista, el olfato también permanece muy activo cuando vives en un país cuya lengua no conoces. El olfato permanece activado cada día. Porque cuando no entiendes, es muy fácil desconectar y pasar del esfuerzo por entender al placer de dejarte sentir. Entonces ,llegan a ti diversos olores del ambiente. Y es precisamente el olfato el que hace que algo que llevas dentro, salga a flote y de repente un mar de emociones recorre tu piel.
He aprendido, que cuanto menos conozco el lugar en el que me muevo, cuanto más cambio experimento, más aprendo de mí. Aprendo a sentir olores diferentes en lo cotidiano, a ver intensidades nuevas en el día a día y sobretodo aprendo, que las cosas son como son, las entienda o no, huelan a lo que huelan y tengan la forma que tengan. Entender el idioma hace las cosas más fáciles, pero no entenderlo hace que te sientas más presente en cada momento, aunque en ocasiones, corres el riesgo de evadirte y nadar de un lugar a otro. Sea como sea, no entender te hace ser consciente de ti misma.
Hoy me siento bien, será genial cuando consiga aprender este divertido idioma, un mar de posibilidades ser abrirá ante mí, pero mientras ocurra, seguiré dejando los sentidos me sigan regalando tanto.

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Manzanos en flor

Dicen que en la vida todo es cuestión de perspectiva, yo digo, que además de la perspectiva, es importante la elección. Siempre podemos elegir. A veces no podemos elegir que va a pasar, pero siempre podemos elegir como vamos a afrontarlo, como vamos a sentirlo y a experimentarlo.
Cuando voy en coche a mí me gusta elegir desactivar el modo automático. Elijo ir consciente de todo cuanto veo. ¡Y eso en Suiza es muy gratificante! ¡Todo lo que está detrás del cristal por donde miras es tan bonito! No importa el tiempo que haga, ni la estación en la que estés.
El camino se hace tan agradable, no son los colores, no es la vegetación, no es el lago que nos va guiando, no es la belleza de los pueblos, no es la luz, es simplemente, cómo decido mirarlo.
Decido míralo con asombro, como si fuera el primer día que lo veo, decido mirarlo con pasión, con mirada de niña, trato de que mis ojos además de ver, sean capaces de sentir. Todo es tal y como es, sin adjetivos, sin comparaciones. Cuando más entregada estoy a lo que veo comienzan a aparecer ante mí, manzanos en flor. Árboles completamente blancos, llenos de flores que ocupan el lugar que la nieve dejó, regalando al paisaje un aspecto de sueño y fantasía.
Los manzanos en flor llenan mis ojos. Los siento, los vivo. No recuerdo haberlos visto antes de llegar a este lugar. Quizás los había visto, y si nos los recuerdo es que en ese momento había elegido el modo automático.
Vivir en modo automático es fácil, pero no conduce a ninguna parte. Ni siquiera nos permite sentir la perspectiva con la que analizamos la realidad. Vivir en modo automático hace que los manzanos en flor sean siluetas externas y que no consigan despertarnos ninguna emoción. La vida es cuestión de elecciones.
Yo elijo llenar mis días de manzanos en flor, aun cuando no hay flor y tan solo nos quedan las manzanas.

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